Una escort para la fantasía de una pareja

Miércoles, 24 de Marzo de 2021
Hoy vamos a relatar una experiencia de esas que se suelen ver en los foros de sexo, en concreto de una pareja de Barcelona que desean probar la experiencia de un trío con una escort. Una historia basada en hechos reales que se dan con mucha frecuencia y en concreto en matrimonios que llevan muchos años juntos y la rutina hace que no disfruten del sexo como al principio. Esperemos que os guste...

Incio apasionado... hasta que llegó la rutina

Al principio de nuestra relación fuimos como todas las parejas. Follábamos siempre que podíamos. En el asiento trasero de mi SEAT Ibiza, en alguna habitación por horas, en su casa o en la mía cuando faltaban nuestros padres, en los hoteles cuando salíamos de vacaciones... Una vez, incluso, llegamos a hacerlo en un probador de El Corte Inglés. La señora que estaba probándose una falda en el probador de al lado creemos que se percató. Eso nos puso más cachondos todavía. Ciertamente, fue un polvo de esos difíciles de olvidar. Apenas llevábamos un mes juntos.

Cuando una relación se inicia la pasión lo arrasa todo. Cristina (pues así se llama mi actual mujer) llegó en aquellos días a mamármela junto al cuarto de ascensores del bloque en el que vivía. Allí, aprovechando la oscuridad y el silencio que reinaba en las escalera los domingos por la noche, me abría la bragueta, me la sacaba y se la metía en la boca para, con una mamada magistral, vaciarme los huevos por unos cuantos días.

Después, claro, toda esa pasión se fue apagando. Es difícil vivir en la cresta de la ola de la excitación. Como suele decirse: ley de vida. Y la ley de vida va asociada a una serie de rutinas. Nosotros también, como otras parejas, buscamos un piso, lo encontramos, nos hipotecamos para comprarlo, tuvimos hijos (dos) y vimos poco a poco cómo lo que un día fue fuego se convirtió en cenizas. Un polvo a la semana (y si la regla no coincidía con el finde) y gracias. En eso habían quedado las mamadas intempestivas y los polvos inolvidables.

Fue entonces cuando coqueteé con la infidelidad. Estuve a punto de encamarme con una compañera de trabajo. Incluso llegué a pensar en la posibilidad de contratar los servicios de una lumi. Pero me contuvo un resto de sinceridad. Cristina y yo siempre nos habíamos creído una pareja distinta. Podíamos perder la pasión. Podíamos dejar de follar como leones. Pero nunca nos engañaríamos a las primeras de cambio.

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La sinceridad les llevó a nuevas experiencias

Le conté lo que me pasaba. Echaba de menos el sexo, le dije. Lo necesitaba. Y quería que fuera con ella. Que ella siguiera siendo la protagonista de mi vida sexual. Si no era así, no sé cuánto tardaría en buscarme alguna aventura que sirviera para satisfacer mis necesidades.

Cristina lo entendió a la primera. Es más: me dijo que a ella le sucedía lo mismo. No había cumplido aún los cuarenta y su coño le pedía marcha. Intentamos reavivar nuestra vida sexual pero vimos que nos faltaba algo. Por el motivo que fuera, ya no nos bastábamos el uno al otro. Quizás habíamos recorrido demasiadas veces nuestros cuerpos. Quizás, como cantaba aquélla, se nos había roto el amor de tanto usarlo. El caso es que necesitábamos sexo pero no queríamos separarnos. ¿Cómo hacerlo?

Cristina propuso un intercambio de parejas. Había leído que había gente a la que le había funcionado. Una simple visita a un club swinger les había servido para reactivar su vida matrimonial. Yo rechacé esta propuesta. ¿Egoísta? Tal vez. ¿Machista? También. No digo que no. Pero la verdad es que no me apetecía nada ver cómo otro hombre se empotraba a mi mujer.

¿Y contratar a una escort para atención a parejas? Lo cierto es que Cristina parecía incansable lanzando propuestas. ¿Cómo?, le dije. Sí, contestó: una buena puta para atención a parejas. Seguro que eso nos funciona de muerte: una profesional a la que le dé lo mismo comerte la polla que lamerme el coño. ¿No te pones cachondo con solo pensarlo?, me preguntó.

¿Cómo decirle que no? Joder, me dije... puestos a hacer un trío, mejor que sea añadiendo a una mujer, ¿no? Además, con una combinación de este tipo, contratando a una lumi para atención a parejas, Cristina podría recuperar las sensaciones lésbicas experimentadas durante una vieja experiencia vivida muchos años atrás.

Cuando aún no éramos pareja, me decía, Cristina se había enrollado una vez con una compañera de la facultad. Tras una larga sesión de estudio y un par de copas (yo siempre he dicho que serían más la copas que las páginas estudiadas), habían acabado revolcadas en la alfombra de casa de los padres de Cristina, devorándose literalmente el coño la una a la otra. Cristina sabía que su amiga era lesbiana declarada, pero ella nunca había tenido relaciones con ninguna mujer. Y nunca, de hecho, se había sentido atraída por ninguna. ¿Cómo sucedió aquello? No le preguntes porque no lo sabe. De hecho, poco después de esa noche de pasión lésbica, Cristina me conoció y, la creo cuando me lo dice, nunca desde entonces había vuelto a tener ninguna relación sexual de ese tipo. Y eso que decía que le había gustado. O, cuanto menos, que no se había sentido a disgusto sintiendo cómo la almeja de su amiga se derretía en su boca.

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GirlsBCN y las escorts de lujo

Buscamos una página web poniendo en Google "Escorts Barcelona" y encontramos GirlsBCN, donde se anunciaran prostitutas de lujo con un estilo diferente al resto de las webs. Puestos a buscar una puta para atención a parejas, mejor que fuera una puta de lujo. Utilizamos el filtro de la página web, desplegamos ante nosotros el catálogo de escorts para atención a parejas y quedamos deslumbrados por la belleza y la sensualidad de todas ellas. Cada una con su estilo, cada una con su look, aquellas chicas de compañía para atención a parejas eran auténticas tentaciones.

Laia, Amara, Sofía, Nuria, Alexa, Alma, Rocío, Alicia, Sara... todas ellas me ponían tremendamente cachondo. De unas me excitaba su mirada, de otras, sus pezones inhiestos; de otras, sus nalgas poderosas. Me las habría follado a todas. Pero... ¿y Cristina? ¿Qué mujer de aquéllas podían excitar a Cristina?

Lo supe enseguida. Por su forma picantona de morderse el labio (un gesto que Cristina hacía inconscientemente cuando se sentía atraída por algo), supe que la escort para atención a parejas que le atraía era Laura, una morena con rasgos del sur que se autodeclaraba bisexual completa y que estaba dispuesta a convertir la cita con ella en una de las mejores experiencias sexuales que podría vivir una pareja.

Fui yo el encargado de llamarla. Le pregunté si realizaba salidas a domicilio y me contestó que no. No te preocupes, guapo, me dijo: en mi casa os sentireis en el mismísimo paraíso.

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Experiencia con una prostituta de lujo muy bella

Laura prestaba sus servicios en un céntrico apartamento de la ciudad. Después comprobamos que, además de céntrico, era maravillosamente cómodo. Un lugar decorado con un gusto exquisito y en el que todo estaba pensado al máximo detalle.

Quedamos con Laura un sábado por la tarde. Dejamos a los niños al cuidado de la canguro, cogimos un taxi y nos dirigimos al apartamento de Laura. A primer golpe de vista, Laura parecía tan guapa como aparecía en las fotos de su anuncio. A segundo golpe de vista, lo era mucho más. Y es que una cosa era ver sus pechotes retratados en una página web y otra muy distinta verlos en movimiento, bamboleándose bajo la blusa mientras ella caminaba.

Laura nos sirvió una copa para romper el hielo y sentí cómo, más que a mirarme a mí, se dedicaba a mirar a Cristina. Me pregunté hasta qué punto a mi esposa le gustaba sentirse evaluada así por otra mujer pero mi pregunta tuvo rápida respuesta. Cristina se mordió el labio como solo solía hacerlo cuando su chochete se humedecía. O sea: Cristina empezaba a estar cachonda. Empezaba a sentirse atraída por aquella mujer.

Aquella mujer se las sabía todas. No tardó apenas nada en comerle la boca a mi mujer. Mientras lo hacía, su mano acariciaba mi paquete. No hace falta decir que yo me estaba poniendo muy, muy cachondo. Me gustaba sentir cómo aquella mano acariciaba, aunque fuera todavía a través de la tela del pantalón, mi polla y mis cojones, pero me gustaba también ver cómo Laura le iba a quitando la blusa a mi mujer y cómo los pezones de Cristina parecían a punto de explotar. Sí: Cristina estaba disfrutando de lo lindo.

La sabiduría y el buen hacer de Laura permitió que, casi sin darnos cuenta, en un plisplás estuviéramos los tres desnudos. A partir de ahí, todo fue un enredarse de cuerpos guiado en todo momento por la dirección sabia y experimentada de aquella lumi para atención a parejas a la que, ciertamente, parecían apasionarle tanto las vergas como las vaginas.

En algunos momentos era mi mujer quien me la mamaba mientras Laura la premiaba con una soberbia follada con arnés. En otros, mientras yo penetraba desde atrás el coño de Laura, ésta se dedicaba a proporcionarle a Cristina un cunnilingus que parecía estar a punto de llevar a mi mujer al borde mismo del paroxismo. Saborear el coño de Cristina mientras Laura, desde atrás, se dedicaba a lamerme las pelotas y el ojete fue, también, todo un placer.

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Pareja renovada gracias al trío con una escort

Volvimos a casa derrengados pero felices. Apestábamos a sexo, y eso que Laura nos ofreció su ducha antes de marchar. La rechazamos. Queríamos llevarnos su olor enganchado a nuestra piel. Cuando llegamos a casa, pagamos a la canguro, acostamos a los niños y nos fuimos a la cama. Reconocíamos el olor de Laura en nuestro cuerpo. Sentíamos todavía el sabor y el olor de su coño. Y eso nos encendió. Con el resto de fuerzas que nos quedaban pegamos un polvo salvaje, un polvo que en nada desmerecía a aquellas folladas enloquecidas de cuando éramos novios.

Al acabar, Cristina me confesó que había escogido a Laura porque le recordaba físicamente a aquella antigua compañera de la facultad. Debo reconocer que me sentí un poco celoso, pero también afortunado de haber podido vivir una experiencia así. De hecho, hemos repetido alguna que otra vez. En ocasiones, cuando estamos los tres follando, tengo la sensación de que entre Laura y Cristina existe una conexión especial. Como si Cristina hubiese contratado a Laura alguna vez para ella sola. No sé. Prefiero no pensar demasiado en ello. Después de todo, yo, desde entonces, también he contratado los servicios de alguna lumi en exclusiva para mí.

¿Y nuestra vida sexual en pareja? Viento en popa y a toda vela. Hemos recuperado el ardor de los años pasados. Por eso recomiendo a cualquier pareja que quiera revitalizar su vida sexual el contratar los servicios de una escort para atención a parejas. A nosotros nos ha ido de perlas.

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